QUINCE TONOS
QUINCE TONOS «A las ocho». Demasiado simple, sin clave de confirmación. «Llamar al seis cuatro siete treinta y dos…». Ese número me suena, es extraño. En nuestro esquema de trabajo, lo barato sale caro. Y ya lo han usado antes. He dejado mi apartamento, pagado con fondos reservados, y he bajado a la calle, a la nieve. Eran las ocho menos diez. En nuestra organización, la exactitud es la clave. No podemos darle un giro a la sociedad si no somos matemáticos, precisos, minuciosos. Otros grupos han intentado hacer lo mismo, pero las bombas les han acabado estallando en las manos por falta de método. En la asamblea del año pasado se definieron los parámetros útiles: una estructura desarticulada basada en células durmientes, con autonomía para actuar y para matar. Con autonomía para morir. Nadie conoce a nadie, nadie manda flores a los entierros. Si suceden, son simples contratiempos. La lucha siempre continúa. De contable a espía, menudo carrerón… Mi padre me decía que siempre...